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Así se vivió el Corpus Christi en Cañuelas

Por primera vez la parroquia Nuestra Señora del Carmen fue sede de la celebración diocesana presidida por el obispo Gabriel Barba. Fotogalería.

Fotos Gabriel Young / Obispado de Laferrere.

El último sábado 17 de junio visitantes de todas las parroquias de la Diócesis de Gregorio de Laferrère se dieron cita en Cañuelas, que por primera vez fue designada como anfitriona del Corpus Christi, una de las celebraciones más caras a los sentimientos de la comunidad católica.

La misa, programada en las escalinatas de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, finalmente se realizó en el Ateneo Juan Pablo II, debido al pronóstico de lluvias. Una gran cantidad de fieles colmó las instalaciones del salón parroquial durante la misa encabezada por el obispo Monseñor Gabriel Barba y concelebrada por los sacerdotes de la diócesis.

La festividad incluyó una procesión por Av. Libertad, San Martín y Lara hasta las instalaciones del Ateneo del Complejo Santa María.

Entre las autoridades políticas se encontraban presentes la intendente Marisa Fassi, el diputado Gustavo Arrieta y el presidente del Consejo Escolar, Luis Carnevali.

HOMILÍA

La Diócesis de Gregorio de Laferrère, se hace presente hoy en esta comunidad de Cañuelas para celebrar la Fiesta del Corpus Christi. Me da mucha alegría saber que, mucha de nuestra gente que no conocía Cañuelas, hoy lo pueden hacer por primera vez. Esto sin duda ayudará al conocimiento mutuo y a un crecimiento de la comunión diocesana. No se puede amar lo que no se conoce.

Nos convoca Jesús. En el Misterio de su presencia Eucarística. El Corpus, es claramente una celebración donde la Iglesia manifiesta públicamente su fe en Jesús, presente en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad bajo las humildes especies Eucarísticas del pan y vino. Y no solo eso, sino que lo hace visible a todo el pueblo (creyente o no…) en la pública manifestación procesional por las calles.

Jesús llega junto a sus Apóstoles a la Cena Pascual, dándoles de comer su Cuerpo y su Sangre, como culmen de un camino. Se sienta a la mesa junto a los Apóstoles dejándoles en sus manos, a partir de allí, el Memorial de su pasión salvadora con el mandato de que sigan haciéndolo presente a lo largo de la historia. No debemos olvidar que la fiesta del Corpus no puede ser entendida fuera del contexto del Jueves Santo, de allí que es una de las grandes celebraciones que se realizan en el ámbito inmediato de la cincuentena Pascual. Es un fruto de la Pascua, allí brota y se entiende. El Jueves Santo Jesús deja la Eucaristía vinculada al lavatorio de los pies. Celebrar la Eucaristía es ser destinados lavarnos los pies mutuamente, a ser servidores, a entregarnos aún por el traidor.
El misterio Eucarístico es el misterio de la entrega generosa de Cristo. Alimento de vida eterna. Alimento de salvación para el perdón de los pecados (nunca olvidemos esto). Decía que la Eucaristía es culminación de un camino, de una vida. Nunca podríamos entender el misterio de la Eucaristía si lo separamos de todo lo que ha sido la vida y predicación de Jesús.

Manipularíamos su sagrada presencia si solo la vemos como una “cosa sagrada” al margen de su mensaje y mandato (amarnos los unos a los otros). Es el alimento de vida eterna que se nos da junto con todas las enseñanzas y vida de Jesús mismo. Llenarnos de Él, alimentarnos de Él, es también decirle sí a seguir sus pasos.
Debemos ponernos frente al Misterio de Dios. Misterio que solo se lo puede comprender desde el amor. Dios que nos ama sin límites. En la Eucaristía, la presencia de Cristo, se nos da “velada a los sentidos" (Lo cantamos en el Tantum Ergo, poesía de Santo Tomás). En este sentido la Eucaristía no tiene nada de extraordinario como exhibición sagrada y lo notable de su realidad es alimentarnos para provocar la fe.

No podemos llegar a Él despreocupadamente. No podemos recibirlo de cualquier manera. Debemos estar dispuestos a amar y dejarnos amar. Por Él y por nuestros hermanos. La Sagrada Comunión nos remite permanentemente a la relación con nuestros hermanos. No debemos olvidar las palabras de Jesús: quien dice que ama a Dios a quien no ve y no es capaz de amar a su hermano a quien ve, es un mentiroso (1Jn 4, 20). Por eso digo que una auténtica espiritualidad eucarística nos lleva a abrir el corazón al prójimo. Creo que los más pequeños, los más simples, los más pobres…, pueden ser para nosotros modelos de vida que iluminan nuestro acceso a la eucaristía.

Permítanme citar al respecto un aporte de: Víctor Codina, donde nos habla de los pobres como maestros de espiritualidad:

"El Espíritu concede a los pobres una inteligencia de la fe y del reino, compatible con cierta ignorancia de muchos elementos doctrinales. Dicho más técnicamente, su fe subjetiva con la que acceden a Dios es más fuerte que sus contenidos objetivos y, sin embargo su actitud creyente muchas veces intuye los grandes valores de la fe de una manera tan connatural y clara que excede y supera a muchos sabios y prudentes...(ver Mt.11,25-27..Lc.6,20) ......No se trata de magnificar ni canonizar a los pobres, llenos de defectos y miserias como todos los demás, sino de señalar esta misteriosa presencia del Espíritu en ellos.....afirmar la necesidad de captar esta acción del Espíritu que en los pobres y desde ellos busca un nuevo modelo de sociedad y de Iglesia......Podríamos afirmar que además del magisterio doctrinal de los obispos y además del magisterio teológico de los doctores, existe el magisterio evangélico de los pobres, basado en la luz del Espíritu que es madre materno de los pobres y que les ilumina internamente. Y nos podemos preguntar si se tiene en cuenta este magisterio a la hora de tomar opciones pastorales o incluso doctrinales y morales, por parte de los responsables de la comunidad eclesial. ¿Alguien les consulta, los tiene en cuenta, se adapta a su lenguaje, se deja interpelar por ellos?”

Sin duda nuestra Diócesis de Gregorio de Laferrère está especialmente signada y bendecida por la presencia de multitudes de pobres en los barrios y en nuestras comunidades. Por eso me parece muy oportuna esa pregunta recién formulada:

- Escuchamos a los pequeños…, a los pobres…? Respetamos su protagonismo….? Tenemos nuestras acciones pastorales verdaderamente a su fiel servicio…? o solo pensamos en nosotros mismos sin ser auténticos servidores del pueblo que Dios nos ha encomendado, dando consignas desde arriba, desde los estrados de nuestra supuesta formación y desde nuestra demostrada ignorancia de no haber sabido adecuar el mensaje a los tiempos de hoy.

Permítanme una breve reflexión frente a una realidad conflictiva. Muchos cristianos, por su situación irregular en sus matrimonios no pueden llegar a recibir la comunión. En primer lugar, creo que nos cabe a todos una profunda actitud de cuidado y respeto ya que solo Dios sabe lo que pasa en los corazones. Es oportuno en esto lo que nos dice el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitiae:

N° 243 - “A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que « no están excomulgadas » y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. Para la comunidad cristiana, hacerse cargo de ellos no implica un debilitamiento de su fe y de su testimonio acerca de la indisolubilidad matrimonial, es más, en ese cuidado expresa precisamente su caridad.”

Qué importante es poner en práctica estas simples indicaciones. Ser comunidades que acogen y que no expulsan. Que todos encontremos un lugar en la Iglesia para vivir y alimentar la fe, desde nuestras propias limitaciones. No acceder a la comunión como decía Francisco no es lo mismo que estar excomulgado. No lo es…., pero que tampoco lo parezca…! Busquemos con creatividad lugares de integración, y acción. Cuántos padres y madres con este tipo de dificultades, no solo viven su fe sino que inculcan una fe profunda en sus propios hijos. Que esta celebración nos anime con la Gracia y la fuerza de Dios, en abrir nuestros corazones a estas realidades tan comunes en nuestro entorno. Aquí debemos evangelizar, ser luz y ser facilitadores de un proceso que conduce a un crecimiento en la Gracia.

No comulgar puede justificarse por el hecho de sentirnos sucios. Pero comulgar no puede justificarse por el hecho de sentirse dignos. Sucios significa que aún nuestra conciencia nos reclama con dolor la falta, limpios significa que nuestra conciencia no nos reclama con sentimiento de culpa sino que nos recuerda nuestra mendicidad, necesidad y pobreza.
Si fuera por dignidad ni siquiera podría celebrar la Misa, recordaba San Alfonso María de Ligorio.
No nos pongamos en los estrados de quien juzga y mira desde arriba, desde quien se siente justo o superior. Hagamos comunidades humildes, hermanas, solidarias basadas en el amor que se concreta en hechos y no en meras palabras.

Finalmente, quiero dedicar este último párrafo a los gestos de la liturgia. Ellos nos ayudan a expresar nuestra fe. Y me llama la atención como en nuestra Diócesis aún no hemos dado lugar a la recepción de la Eucaristía en la mano. No dudo que esto se da dado porque no ha sido promovido. Por favor, no me digan que no somos dignos de tomar la Eucaristía con nuestras propias manos porque lo impuro nace del corazón, no del exterior. Y tampoco me parece argumento el peligro de que una “mínima partícula” pueda caerse y profanarse…, para eso basta el cuidado y respeto que todos podemos dar. No hay que tener manos consagradas para poder tener la Eucaristía en nuestras manos…! Si queremos “hilar fino”: cuántas veces seguimos de largo frente a la profanación del cuerpo de Cristo cuando se profana a cada ser humano…! Trata de personas…, uso de las personas en la prostitución…, condena estructural a la pobreza y miseria…! Y no quiero extenderme en más ejemplos…

Ahí también se profana a Cristo. Pero eso no nos inmuta. No huele a incienso…!

Volviendo al lenguaje de los gestos debo decir que éstos son esencialmente significativos. Permítanme compartirles mi pensamiento al respecto:
El gesto de la comunión en la mano me parece un gesto mucho más significativo y maduro que recibirlo en la boca. 

Los niños son quienes deben ser alimentados en la boca. No los adultos… y un buen cristiano debe crecer siempre. Debe crecer en todo sentido. Desde esa perspectiva creo que permitirnos recibir la comunión en la mano es un signo visible de sana independencia. Y es solo un signo. Claramente la madures es mucho más que eso. Pero los signos hablan por sí. Y yo quiero una diócesis de fieles adultos. De fieles que piensan…, que deciden por sí, que comparten…, que caminan juntos. De fieles protagonistas. Firmes y comprometidos. Por eso me parece un signo muy positivo que pueda expresarse también en este modo de recibir la comunión.

No tengan miedo. Anímense al cambio…! Les pido a los párrocos y catequistas que vayan introduciendo estas prácticas desde la Misa Primera Comunión. Sin duda, muchos me van a cuestionar diciendo que esta es una decisión libre. Y tienen razón…! Pero para que sea libre no debo dejar de presentarla como opción, está claro que hoy no llegamos ni a eso.

Continuamos entonces nuestra celebración, dejando que Dios vaya transformado nuestros corazones y que este alimento que recibimos nos dejemos transformar.
Adoramos, reconocemos a Jesús presente en medio nuestro y nos comprometemos a llevarlo y manifestarlo a nuestros hermanos, no solo en la solemne procesión de hoy, sino en cada gesto y acción de nuestras vidas cotidianas.

Obispo Gabriel Barba.

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