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Acerca de la adolescencia y la violencia

Existe una tendencia a circunscribir la violencia al mundo de los jóvenes, como si la sociedad solamente estuviera constituida por personas de 13 a 25 años, reflexiona la profesora Mirta Etcheverry en este artículo que analiza un tema de acuciante actualidad.

La adolescencia es un concepto que desea ordenar fragmentos poblacionales partiendo de la edad.

Es una construcción cultural que –al igual que quienes están incluidos en ella– no se encuentra en todas las culturas. En algunos pueblos participar de un rito o resolver una prueba permite el paso de la infancia al mundo de los adultos.

No son pocos los autores que la definen como la franja etárea que se inicia cada vez más tempranamente y que según la misma Organización Mundial de la Salud, puede extenderse hasta los 25 a 30 años.

Estos datos pueden entrecruzarse con aspectos económicos, de empleabilidad, de estudios, de situaciones ventajosas y por lo tanto nos permitirán vislumbrar que existen muchos otros y otras que no se encuentran entre esos parámetros; por lo tanto no gozan de la moratoria social que implica la adolescencia.

Es una etapa de mutaciones, cambios profundos, de duelos, de nuevo plumaje; es una forma de experiencia histórica, atravesada por las clases y el género. Son parte de una estética.

Pero tampoco estas características se hacen presentes y son vivenciadas por todos y todas. Las generalizaciones suelen estar cargadas de errores, precisamente porque no advierten que existen las diferencias. 

Las y los adolescentes son el modelo a seguir en la cultura posmoderna; esa misma donde la vejez no es aceptada, donde el ser adulto tampoco es un orgullo, pero ¿con quiénes confrontarán estas chicas y chicos si todo es un gran pastiche? ¿Ante quiénes se rebelarán? ¿Dónde está, entonces, la brecha generacional?

No han sido pocos los medios que por estos días han estado recortando distintas manifestaciones de violencia que han tenido como protagonistas a adolescentes y a adultos. Esta expresión es necesaria porque pareciera advertirse el fuerte deseo de circunscribir como violentos solamente a los más jóvenes y cabe entonces preguntarse si la sociedad está solamente conformada por personas de 13 a 25 años, o si las y los adolescentes no se encuentran en medio de un grupo familiar, o si en las escuelas a las que asisten nadie supera su edad.

Es hora de reconocer que existen medidas económicas violentas, como aquellas que dejaron a muchos fuera de los sistemas laborales, quizá padres de niñas y niños que estaban construyendo su subjetividad y que hoy tienen más de quince años...

Están presentes también esas otras maneras de dañar, que no dejan marcas visibles en el cuerpo, pero que se graban en la memoria, como una mirada descalificatoria, una mentira sostenida en el tiempo o la discriminación, por mencionar sólo algunas de las formas que suele tomar la violencia. Y sabemos que no hay edad para ponerla en práctica.

Recortar la realidad y subrayar a los jóvenes como los únicos posibles generadores de violencias es tan nocivo como señalar que todos los que tienen entre 13 y 25 años disfrutan de la adolescencia.

(*) Mirta Etcheverry es profesora en Ciencias de la Educación, en Retardo Mental y en Estimulación Temprana; licenciada en Gestión Educativa; actualmente cursa la especilaización en Nuevas Infancias y Juventudes. Además es directora del nivel Polimodal de la Escuela José Manuel Estrada.


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