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Vicente Casares, el pueblo donde nació La Martona

En este rincón de Cañuelas se erige la antigua fábrica láctea La Martona y la fabulosa estancia San Martín de la familia Casares, hoy Monumento Histórico Nacional.

Junto a la estación ferroviaria de Vicente Casares se conserva la vieja fábrica.

Este circuito se puede iniciar visitando la capilla Nuestra Señora del Rosario, una pequeña y pintoresca edificación de estilo neogótico, construida en 1902.

Se destaca la estructura interior de madera que sostiene el techo, realizada en forma artesanal e inspirada en las antiguas construcciones medievales.

Frente a la estación ferroviaria se conserva la antigua fábrica láctea La Martona y a unos 200 metros de allí, sobre la ruta 205, la confitería La Martona, famosa por sus desayunos y meriendas de leche con vainillas.

Desde la capilla, ubicada en la entrada al pueblo de Casares, baja un camino de tierra que conduce a la Estancia San Martín en Cañuelas. Su casco -declarado Monumento Histórico Nacional- es comparable a un verdadero palacio.

Vicente Casares tenía 18 años cuando en esas tierras fundó La Martona, la primera industria láctea del país y una de las más avanzadas del mundo. De allí también salió la primera exportación de trigo a Europa.

Para llegar hay atravesar un pesado portón de rejas y un camino zigzagueante que finaliza en el bello edificio blanco de dos plantas, construido entre 1865 y 1940.

El parque -diseñado por Charles Tays- tiene especies traídas de los más diversos puntos del planeta.

Hay robles, olmos, alcornoque, acacias, talas, araucarias, cedros, Ginko Bilobas y cipreces, entre muchos otros. Esta variedad le confiere al paisaje distintos matices de colores en cada estación. Las coníferas, que son verdes todo el año, contrastan con el rojo de los robles y castaños de la India.

El caso fue ampliado en cuatro oportunidades, de acuerdo a los estilos imperantes en cada época. El primitivo chalet, de estilo inglés, fue comenzado hacia 1865. En1890 se agregó una sala de estar en el primer piso, de estilo francés. Se amplió nuevamente en 1903, con galerías y habitaciones de estilo italianizante. Se añadieron elementos de confort, como la instalación de agua caliente y calefacción en todas las habitaciones. En 1940 se hizo la última modificación: se agregó una torre con reloj, de estilo hispano.

El casco tiene rasgos característicos de los palacios, como los dos leones victorianos que custodian la entrada, símbolo de progreso y autoridad. En los jardines se destaca una fuente con copones de mármol, réplica de los que adornan las Tullerías, y los faroles a gas, los primeros que existieron en la Provincia.

La habitación principal tiene una cama con baldaquino, símbolo de la nobleza, mientras que en uno de los cuatro cuartos de baño hay una bañera de mármol de carrara, esculpida en un solo bloque.

Lamentablemente, el acceso a la estancia no es libre y sólo se realizan visitas esporádicas por parte de empresas privadas. En algunos casos, cuando se produce la mediación de las autoridades municipales, los visitantes pueden recorrer el parque y las instalaciones circundantes: el "Galpón 8", de estilo francés, construido en 1890, que servía para albergar los padrillos; el "Monumento al Trigo"; la capilla privada y el antiguo palomar, con capacidad para 3.500 nidos.

Según explica Carlos Moreno en su libro "Patrimonio de la Producción Rural", los pichones de paloma fueron un alimento muy apreciado a mediados del siglo XIX, y de fácil obtención, ya que cada pareja empollaba diez crías al año. Cayeron en desuso cuando las palomas comenzaron a dañar los cultivos, en franca expansión.

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