| VARIEDADES

Otra vez en la vía...

Daniel Loza (70), Jorge Meji (67) y Eduardo Aguilar (53) intentaron repetir una travesía por las vías del Tren a las Nubes que realizaron en 1999. Crónica del viaje, en primera persona, y de los imprevistos que surgieron en el camino. Galería de fotos.

Habían pasado 18 años… y ahí estábamos parados nuevamente sobre las oxidadas vías del famoso “Ramal C14”, o más conocido como el Tren a las Nubes y no entraba en nuestras mentes que apenas unas horas antes estábamos preparando nuestras mochilas en Cañuelas.

Campo Quijano, bien llamado el “Portal de los Andes”, fue como en ese entonces nuestro punto de partida… Tratammos de sacarnos las mismas fotos, en los mismos lugares, y así empezamos a transitar los primeros kilómetros por lugares fantásticos, con mucho verde todavía a pesar del otoño incipiente.

Estar en altitud cero y bruscamente estar caminando en los casi 1600 msnm nos afectó con algún dolor de cabeza, que solucionamos fácilmente con una aspirina o simplemente “coqueando” (masticar hojas de coca). Entre risas, anécdotas y recuerdos, fuimos avanzando hasta nuestro primer “escollo”: el viaducto de la Quebrada del Toro, de unos 300 m de longitud y 30 m de altura al que cruzamos con más entereza que la primera vez.

Por suerte un modesto camping nos dio la oportunidad de armar nuestras carpas y poder descansar con el murmullo del río muy cerquita nuestro.

De allí en más todo fue observar los zig zag de los rieles, la impresionante obra de la ingeniería en la que el tren hace raras piruetas para ganar altura. A medida que íbamos avanzando fuimos testigo de cómo la fuerza de la naturaleza se había “comido” rieles y puentes prácticamente enteros producto de los grandes aludes de piedra y lodo el año pasado.

Eso nos daba la tranquilidad de que ningún tren pasaría por el lugar, donde cuadrillas de obreros trabajan incesantemente para recuperar nuevamente el célebre convoy.

El Alisal… Chorrillos. Estaciones sin vida... Pero que todavía conservan la belleza arquitectónica de los años ´20. Así llegamos a Ingeniero Maury, donde sabíamos que tiene su asiento Gendarmería Nacional. Allí pensábamos registrarnos y hacer conocer nuestro itinerario.

Pero impensado llegó. Lo que nunca había pasado por nuestras mentes nos dejó boquiabiertos: "Muchachos, les aconsejo que no sigan" -fue la casi orden del oficial a cargo del Destacamento-. "Estamos luchando arduamente con el tema narcotráfico y a ustedes se los puede confundir con traficantes que buscan nuevos caminos para el ingreso de la droga. Es decisión de ustedes seguir y aventurarse al peligro".

Nos quedamos helados. Esa noche teníamos que decidir qué hacer, con casi la mitad del camino recorrido. Allí, donde unos kilómetros más adelante las vías se separan de la ruta 51 y se internan en la inmensidad de la puna salteña. Venía la parte más dura del recorrido, donde no hay absolutamente nada. No lo pensamos demasiado. Íbamos a recrear y recordar esa linda aventura. Todo planeado, a pasarla bien y a no arriesgar nada.

Los mismos gendarmes se encargaron de detener un vehículo que nos acercó hasta San Antonio de Los Cobres, donde volvimos a recordar los lindos momentos vividos en el año 1999. En ese lugar, casi a 4000 metros de altura, la puna pega duro. Insomnio, sequedad de garganta, dolor de cabeza... No había mucho que conocer en el lugar.

Impensado… el viaje no salió como lo habíamos planeado pero igual lo disfrutamos como la primera vez...

 

 

Jorge Meji
INFOCAÑUELAS

 

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